El tiempo es un sonido que no escuchamos
Bogotá
24 de septiembre - 20 de noviembre, 2026
El tiempo es un sonido que no escuchamos
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El tiempo es un sonido que no escuchamos
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El tiempo es un sonido que no escuchamos
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El tiempo es un sonido que no escuchamos
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El tiempo es un sonido que no escuchamos
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El tiempo es un sonido que no escuchamos
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El tiempo es un sonido que no escuchamos
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Una antigua escuela de pensamiento sostenía que los astros, al girar, producen una música que nadie oye porque suena sin interrupción desde el día en que nacemos, y un sonido que nunca cesa carece del silencio necesario para distinguirse. La exposición de Glenda León traslada esa intuición al tiempo, que suena en todas las cosas, aunque el oído solo alcance a percibirlo cuando se vuelve medida, y se pregunta, así, por aquel otro tiempo que está hecho de la misma sustancia que quien lo vive.
La escucha de las cosas del mundo empieza con una observación de la naturaleza en la que fenómenos de escalas dispares repiten la misma forma, de modo que el contorno de una isla reaparece en el vuelo de una abeja, el trazo de un relámpago en el crecimiento de una rama y el curso de un río en las venas de un cuerpo. Las partituras de Glenda trasladan al pentagrama los datos gráficos de esos recorridos y nos recuerdan que ver ya es una manera de escuchar.
El bronce, metal reservado para lo que debe durar, fija el aleteo de un insecto capaz de desatar un huracán al otro lado del mundo. Un reloj de arena tendido de costado, con tierras de ambas orillas del Canal de Panamá, deja de contar el tiempo que esa obra de ingeniería pretendía ahorrar. Las manecillas de relojes antiguos, desprendidas de su mecanismo, transcriben la voz que pronuncia el título de la muestra y los latidos de un corazón, de modo que el cuerpo aparece marcando el tiempo desde adentro.
Frente a la densidad de ese mundo medido, la levedad aparece como una manera de señalar lo sutil. León toma plumas, mariposas y hojas, cuerpos que pertenecen a las alturas pero que la muerte devuelve al suelo, y les da un globo para devolverlas a su lugar originario, en un artificio que interrumpe la caída y se instala en el breve intervalo en que la gravedad parece suspenderse. Así como la música está hecha de notas y silencios, esta exposición se detiene en los intersticios para devolvernos al tiempo como sonido e imagen.
Obras
Tiempo de las Américas
Reloj de arena, tierra del lado sur del Canal de Panamá, tierra del lado norte del Canal de Panamá
10 x 23 x 10 cm
2017-2026
El tiempo es un sonido que no escuchamos
Manecillas de reloj sobre papel Arches 640 g
40 x 140 cm
2026
Formas del tiempo II: El terremoto de Valdivia, Chile, 1960
Vidrio
9 x 23 x 1 cm
2024 – 2026
Artista
Glenda León
Con una práctica articulada mediante el uso de diferentes medios, Glenda León incorpora un repertorio de técnicas y materiales que se nutren de la experimentación y de su formación multidisciplinaria. Su obra surge de la fusión entre su vocación empírica y una investigación mística contemporánea, situándose entre el racionalismo —en el sentido más amplio— y la espiritualidad.
Su trabajo crea vínculos que evidencian -e incluso, a veces contradicen- las leyes de lo natural, desafiando la percepción del público al situarlo en el intervalo entre lo visible y lo invisible, el sonido y el silencio, lo efímero y lo eterno.
La artista enfatiza el acto de la escucha como un paso necesario para la evolución de su proceso creativo. La danza, la coreografía y la música profundizan su comprensión de un “todo” en el que habitan mente, cuerpo, espacio, sonido y silencio. De allí que sus obras presenten un cambio en el enfoque de la realidad y del tiempo, exploren experiencias místicas a través de elementos sensoriales y muestren la desintegración del yo a través de la imagen.
“Como la magia, el arte es un acto de transformación, que en ocasiones se traduce en el simple acto de hacer coincidir”, precisa León.