Hacer perceptible la forma en la que ontológicamente habitamos el mundo supone reconocer que las sociedades organizan de formas radicalmente distintas las relaciones entre humanos, animales, plantas, montañas, ríos, objetos o entidades espirituales. No existe entonces una única naturaleza objetiva compartida por toda la humanidad, sino una construcción de lo natural constituida a través de los entramados que se establecen entre los seres humanos y los no humanos. El reto está en lograr figurar aquello que es manifiesto, pero a la vez inefable por medio de las lógicas y formas de expresión sostenidas por la razón instrumental.
Reconociendo que toda figuración expresa una determinada manera de ordenar el mundo y hace visibles las relaciones que una sociedad considera significativas, María Primo, materializa en esta muestra un desplazamiento triple - geográfico, epistemológico y artístico- que la llevó a explorar los límites de su propia práctica y a encontrar nuevas maneras de representar una de nuestras múltiples experiencias compartidas con lo vivo.
En el entorno rural del Prepirineo de Huesca, mientras completaba su residencia en Villa Bergerie apoyada por la Fundación Pollock-Krasner, en plena “España vaciada”, la artista escapa del raudo y planificado mundo urbano. Un traslado físico y literal, pero también emocional y rítmico que la lleva a un viraje epistémico: de querer controlar el paisaje a responder a él, de adquirir conocimiento como observador objetivo a la asimilación intuitiva, a un coexistir multiespecie que abandona la excepcionalidad humana, de capturar con la cámara a permitir que el entorno transforme la práctica. Por eso, Primo buscó deshacerse de la máquina, para entregarse al proceso manual y aleatorio de la cianotipia, para rendirse a los accidentes de los textiles naturales y a la espontaneidad de los materiales reutilizados.
En el territorio oscense, María comienza un proceso de aprendizaje situado sobre la región, sus paisajes, su geografía y las formas específicas de habitar una zona agrícola que, desde el siglo pasado, se ha visto modificada por un intenso proceso de despoblación, industrialización, mecanización de la agricultura y éxodo rural.
Dentro de estos cambios cobra especial relevancia el plástico, que se convierte en el símbolo protagónico, aunque ambivalente, de este proyecto. En particular, la artista se centra en las cuerdas plásticas que son empleadas para atar las pacas de paja y que ella utiliza para realizar algunas de las cianotipias. Este material, prácticamente indestructible, derivado de combustibles fósiles, sostiene actividades profundamente vulnerables como el pastoreo de ovejas. Mientras los rebaños desaparecen junto con los pastores y con formas de ganadería extensiva vinculadas históricamente al territorio, los fotogramas elaborados empleando lana de oveja desechada, ponen de manifiesto una existencia compartida que se da gracias a las tensiones entre progreso técnico, dependencia del plástico y degradación ambiental.
Lejos del catastrofismo y de los pronósticos desconsoladores, Figurar lo visible, no busca hacer una denuncia ambiental más,nos plantea una pregunta más difícil pero más reparadora, ¿cómo podemos aprender a vivir y morir bien juntos en un planeta ya dañado? Las obras de la exposición buscan provocar una concientización sin fin que se construye con preguntas constantes y no con respuestas definitivas, y que solo se logra rompiendo los binomios con los que solemos pensar nuestra relación con el medio ambiente (naturaleza/hombre, sujeto/objeto, humano/animal, mente/cuerpo, materia/pensamiento). Si las cianotipias son la figuración de una forma diferente de entender la relación con lo no- vivo, la cuerda, la red, las raíces, huellas del propio plástico, proponen una identificación más que una enemistad con lo “artificial” y lo “natural”. Con estas piezas, Primo nos invita a su desplazamiento más importante: del antropocentrismo a la interconectividad, transformando el plástico en un símbolo universal que atraviesa todo.
El impulso de romper estas categorías del pensamiento permea el resto del proyecto, desde el color hasta las disciplinas y las formas de expresión implicadas. El azul de Prusia deja de ser un rasgo formal y se une al vocabulario simbólico de la muestra. Es el agua, la circulación atmosférica, el cielo, lo poroso, lo fluido, lo no-binario. Como el plástico, el agua está en todo, somos y convivimos con cuerpos acuosos y plásticos. Comprender esta materialidad compartida tiene consecuencias éticas y políticas. Implica ver el mundo a través de la relación, la vulnerabilidad, lo híbrido y la mutabilidad y no a través de la oposición, la contradicción o la clasificación.
Es debido a esta perspectiva, que la exposición se enriquece con el hecho de que al final, para la artista fue imposible abandonar la máquina. Los procesos artesanales, las ideas de cuidado de lo natural, también toman forma a través del vídeo, como en la obra Porosidad, o la cámara, que alimenta la publicación risográfica que acompaña la muestra, dando cuenta de la compenetración del convivir entre lo bilógico-sintético-lo vivo-lo producido.
La fotografía deja de ser una disciplina artística y se convierte en una forma de pensar en el hacer, un proceso en el que el practicante consciente y los materiales responden recíprocamente en la generación de la forma. La imagen final no nace de una cámara que captura el mundo desde fuera, nace del contacto: la luz con el papel, la cuerda que interrumpe la luz, el agua que revela la imagen. Los materiales participan activamente.
Representar no consiste únicamente en copiar aquello que los ojos perciben, sino en dar forma sensible a vínculos, cualidades y modos de existencia que estructuran una determinada ontología. La imagen deja así de entenderse como un reflejo del mundo para convertirse en un dispositivo que participa activamente en su composición y en la forma en que este puede ser percibido y experimentado. En este caso, la imagen es sobre todo un operador relacional entre lo orgánico y lo plástico para llevarnos a ver que es precisamente esa interconectividad la que mantiene unido un territorio incluso cuando su fragilidad se hace visible, las cuerdas artificiales son las que sostienen la actividad agrícola al tiempo que participan de la crisis ecológica.